10 de octubre de 2016

¿Amas a tu prójimo como a tí mismo? Uff pobrecito!!!


Imaginemos un planisferio gigante, a la cuenta de tres y con los ojos cerrados, apoyamos en un lugar cualquiera, al azar - si es que existe-  el dedo índice. ¿Qué lugar del mundo fue elegido? No importa. Cualquiera da exactamente lo mismo. Por que independientemente del idioma, la moneda, la política, en todos la violencia, la locura, el asecho, el miedo se encuentran presentes. La ciencia y la tecnología evolucionan y la humanidad también, pero hacia un agujero de enojo, apego y toxicidad. 
En mayor o menor escala el mundo es lo mismo. Cansancio, hambre, pobreza, destrucción, desesperanza, odio, envidia, abuso. El estado de ánimo del planeta es de resentimiento y resignación. Y la postura es resistir y aguantar. Aguantar hasta que las cosas cambien, aguantar hasta que el otro se comporte como quiere, aguantar hasta que los demás decidan cambiar, aguantar hasta que nos paguen, aguantar hasta que el divorcio sea la última posibilidad, aguantar hasta que nadie se de cuenta. Aguantar. Respirar más o menos profundo, y aguantar. Sonreír y aguantar. Hasta que un día ya no podemos más y explotamos. Y explotan las historias, las trompadas, las palabras, los recuerdos, las bombas, los gritos. Y luego el silencio. El disimulo. El olvido. El tiempo; para que todo otra vez se reorganice para volver con el mismo escenario. Aguantar, explotar, callar, olvidar y re-armarnos. Y en esta secuencia viciosa y absurda en la que nos encontramos inmersos como sociedad; como familias e individuos transcurrimos la vida como si esa fuese la única opción, tal vez porque es la que nos enseñaron y hemos aprendido.



Pensando en la doctrina budista y las enseñanzas de Jesús; algo me hizo click por dentro. Un botón me saltó intempestivamente y me puse a reflexionar en una frase recurrente "Amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos". Y creo que ahí está el nudo que obstaculiza el crecimiento personal y espiritual de la humanidad. Habría que agregar "Amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Después de haber aprendido a amarnos" ¿Por qué si no sabes amarte cómo amarás al otro? ¿Acaso no será que lo que le haces al otro es exactamente lo que te haces a ti mismo? Si tu amor es tóxico, ¿ por qué creerías que podrías amar a tus hijos de otra manera? ¿O relacionarte con tu pareja desde un lugar de equilibrio?
Ahora lo puedo ver claramente. La falta de amor propio es la causa de tanta barbarie. Por que quién se ama no daña... recuerdo que alguna vez lo escribí en este mismo blog ... y quién daña no se ama... se defiende, y para ello ataca o huye... Si amor propio somos fieras heridas buscando defendernos de cualquiera que pueda eventualmente dañarnos; y por ello primero atacamos.
Tal vez el mundo si cumple con la doctrina de amar al otro como así mismo, sólo que olvidó que la forma de relacionarse consigo misma es nefasta, arbitraria y repleta de apegos que estorban.
¿Será que la forma de amarnos, la que hemos aprendido es abusiva? Yo creo que sí. Nos han enseñado a amarnos con reserva; digo "nos han enseñado", y me refiero sólo al ejemplo que nuestros mayores nos han proporcionado con sus acciones; pocos han tenido la fortuna de recibir una instrucción clara sobre el amor personal.  Y esos guardaditos están en relación con la creencia que siempre entre el otro y yo, debemos elegir al otro, porque de lo contrario seríamos muy egoístas - sentido estrictamente coloquial- miserables, mezquinos, malos, muy malos.


Primero yo, después yo y siempre yo... ufff suena terrible, pero ¿ si no yo? ¿quién?... ¿Cómo podemos elegir al otro si no nos elegimos a nosotros mismos? ¿Cómo podemos dar existencia al otro si negamos la auto aprobación?

Deberíamos sacudir la cabeza y vaciar todos los pre-conceptos de buenas personas que sólo nos sirven para sufrir y resignar nuestros deseos en un cesto de basura. Y a partir de ese vaciamiento colmarnos de creencias formadoras de autoestima saludable y equilibra y recién ahí, convencidos que somos un tesoro en el universo tomar el riesgo de relacionarnos, y darle a los demás lo que somos capaces de darnos a nosotros mismos... Sólo así... Amaremos al prójimo con la calidad que merece porque ellos son un extensión de nosotros mismos.



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