19 de febrero de 2010

¿Y por casa como andamos?


Cuántas veces recuerdas que tu madre te haya dicho “ámate a ti misma” en lugar de “no hagas eso, porque no te van a querer”, “una niña no habla así”, “si te comportas así nadie querrá estar contigo”. Tal vez muchas veces más las advertencias que el consejo, y ojo, para nada quiero “desmoralizar” el trabajo de nuestra madres. Ellas nos han dado lo mejor que han tenido, y creo que sinceramente, nos han dado mucho menos de lo que hoy podemos dar, porque no han tenido tantas opciones o herramientas para educarnos y menos aún las que recibieron de nuestras abuelas.

Lo cierto es que crecimos,- como pudimos-, después de todo, la vida, si no nos olvidamos de respirar, lo hace por nosotras, y acá estamos enfrentando el tema una y otra vez, cuando sentimos destrozar nuestro corazón por “él/ella” que se fue dejando un mensaje en el espejo del baño o un privado en el facebook, o en el chat: “Lo siento” “ he decido terminar contigo”,“ Eres una buena mujer, cualquiera quisiera estar contigo, pero…” ¡Qué dolor!

¡Qué mezcla de odio sin dirección! Algunas puntas apuntan hacia afuera, pero otras tantas hacia dentro. Preguntas sin respuestas se suceden como una cadena de oraciones,

¿Si soy una buena mujer porque entonces no quiere estar conmigo? ¿Qué cualquiera quisiera estar conmigo es positivo o negativo? ¿Qué es lo que siente? ¿Porqué termina conmigo, porque me aniquila, me extingue?

Y unas a los excesos de “MUCHO” y otras a los de “NADA”, dejamos correr nuestros días como agua podrida sin eje. Comenzamos a ser condescendientes con nuestros deseos de “no hacer nada más que culparnos” y “justificar la conducta del otro”, y sobre todas las cosas; enumeramos los errores que tuvimos.

Si no me quiere más es porque… “engordé durante el invierno, unos 5 kilos…”” ¡oh, por dios! Aún no sé cocinar como su madre!”, “ me estoy poniendo vieja!”, “sabía que la celulitis sería nuestro fin”, “ estoy tan cansada que he perdido el deseo sexual”, “no le dije que lo quería más que a mi vida”, “siempre estoy pensando en los niños”, “Nunca me vestí sensual como quería”, bla, bla, bla.

Y por qué no pensar, no me quiere más porque no me quiere más y punto. ¿Acaso encontrar una razón por la que “no nos quieren más” aliviana el dolor de la pérdida?

¡Y qué grande parece el mundo cuando nos dejan de querer! Hay tantos vacíos por sellar, tantos espacios sin nombre, tantos días sin nada para hacer.

Nos ilusionamos con la llegada de “alguien” que nos quiera pronto, y con la posible pérdida de ese futuro amor.

¿Será natural tener que sufrir si no nos quieren? O ¿sufrimos porque no aprendimos a querernos a nosotras mismas, y la retirada de ese otro deja un cráter en nuestro cuerpo emocional?

Cuando esos señores de barba, bigote, anteojos y puro dicen (metáfora de un psicólogo) – Primero estás Tú, luego Tú y siempre Tú; la mayoría lo interpreta como “apología del egoísmo”. Pero si lo observaras sin la carga social que te señala “Tú debes ser buena y siempre decir sí”, “Tú debes mirar siempre por los demás”, “Tú debes amar a todos”, “Tú debes perdonar”, “Tú…”,”Tú…”

¿Y qué hay de mirar hacia dentro? ¿Qué de tus necesidades?

El buen amor empieza por casa, tal vez suene trillado, sin embargo está muy poco de moda, de lo contrario no hubiera tenido necesidad de escribir todo lo que precede. Creemos desde niños que lo de afuera es “más” importantes que nosotros mismos, sin advertir que lo único que tenemos es “a nosotros mismos”.

Si no soy feliz con este ser que estoy siendo, ¿cuál crees que es el mensaje que le das a tus hijos o a tu pareja o a tus padres?

Si no amas a ese que se encuentra contigo en el espejo, ¿qué clase de amor crees que puedes transmitir? O ¿desde qué lugar te comunicas?

El amor es un verbo, es una acción, y su fundamento es el DAR en contribución, “dar lo que el otro necesita”, si no puedes dártelo primero a ti ¿crees que puedes a los demás?

Yo sé que por “inocencia” crees que sí, pero damos lo que tenemos; y si el amor no vive en ti, difícilmente puedas darlo, puedes dar algo parecido, o lo que crees que se asemeja, pero no es AMOR.

El amor es tu fuente, para dar algo lo tienes que poseer.

Amarse implica aceptarse, algo doloroso e inquietante, vernos como un todo, con tus debilidades y tus virtudes, y básicamente aceptación significa “aceptar que hay cosas que no están dentro de tu poder de acción, que hay cosas que no puedes controlar, cosas que no puedes cambiar (hechos), y que vivir en resistencia, o evitando te convierte en un fantasma de ti mismo”.

                                                                                                    Chuchi Gonzalez

1 comentario:

  1. Me encantó lo que escribiste y me suena muy familiar!

    ResponderEliminar

¡Un blog se nutre de comentarios, deja tu huella, muchas gracias por compartir!